Flappy Bird: la historia real de un fenómeno viral
La historia de Flappy Bird cabe en unos pocos meses: un desarrollador desconocido lo publica sin que nadie se entere, el juego explota sin previo aviso ocho meses después, y su creador lo retira él mismo en pleno éxito porque ya no puede más. Más de una década después, el nombre sigue reapareciendo, resucitado por desconocidos en una forma que su creador original dice no reconocer. Así se encadenó todo, y así están hoy el juego y su autor.
Un desarrollador solo en Hanói
Antes de Flappy Bird, Dong Nguyen era un programador de 28 años afincado en Hanói, Vietnam. Creció en Vạn Phúc, un pueblo cercano, jugando a copias pirata de juegos de Nintendo, y programó su primer juego de ajedrez a los 16 años. Tras estudiar informática, consiguió unas prácticas en Punch Entertainment, uno de los pocos estudios vietnamitas de la época, donde programaba juegos deportivos para móvil. Cuando se hizo con un iPhone, los juegos de moda no le convencían: le parecía que Angry Birds tenía demasiada carga visual, y quería algo más despojado, pensado para jugarse con una mano en el metro, como contaría más tarde a Rolling Stone.
Tres días de código en un festivo
A finales de abril de 2013, durante el largo fin de semana del Día de la Reunificación en Vietnam, Nguyen se quedó en casa de sus padres programando en vez de salir a celebrar. En dos o tres días montó un juego que llamó primero “Flap Flap”, rebautizado como Flappy Bird antes de su lanzamiento. El personaje, un pequeño pájaro amarillo apodado Faby, venía de un dibujo que había hecho un año antes para un juego de plataformas que nunca vio la luz. Nguyen contaría más tarde a Polygon que el concepto surgió al recordar el ejercicio de hacer botar una pelota de ping-pong en una pala el mayor tiempo posible: un gesto repetitivo, simple, pero casi imposible de mantener sin fallar. Las tuberías verdes, por su parte, eran un guiño deliberado a Super Mario Bros., el juego al que más había jugado de niño.
Ocho meses para convertirse en fenómeno
Flappy Bird salió en iOS el 24 de mayo de 2013, sin ninguna campaña de promoción, y no despegó. El primer tuit que menciona el juego, cinco meses después, dice mucho sobre esa acogida inicial: tres palabras, “Fuck Flappy Bird”. El estallido viral llegó a finales de 2013, impulsado en parte por un vídeo del youtuber PewDiePie que puso el juego ante una audiencia enorme. El 17 de enero de 2014, Flappy Bird alcanzó el primer puesto entre los juegos gratuitos de la App Store estadounidense; la versión Android llegó el 30 de enero. El juego también lideró las listas del Reino Unido y China, donde la prensa lo presentaba como el nuevo Angry Birds.
50.000 dólares al día, y una lluvia de críticas
A principios de febrero de 2014, Nguyen confirmó a The Verge que el juego le reportaba unos 50.000 dólares diarios en publicidad integrada, una cifra que Forbes recogió de inmediato. El éxito atrajo críticas al instante: las tuberías verdes y la estética general recordaban demasiado a Mario para muchos observadores, y Kotaku tituló que el juego amasaba esa cantidad “con arte robado”, antes de publicar una corrección aclarando que en realidad se trataba de un dibujo nuevo, aunque poco original. Periódicos vietnamitas y franceses señalaron además un parecido llamativo con Piou Piou vs. Cactus, un juego francés de 2011 cuyo creador, conocido como Kek, confirmaría después haber notado también la similitud, sin llegar a acusar a Nguyen de haberlo copiado a propósito.
“Ya no puedo más”
El 8 de febrero de 2014, Nguyen publicó un tuit que dio la vuelta al mundo: “Lo siento, usuarios de Flappy Bird. Dentro de 22 horas retiraré Flappy Bird. Ya no puedo más.” El mensaje se retuiteó más de 145.000 veces.
Al día siguiente, tal como había anunciado, el juego desapareció de la App Store y de Google Play, tras un último repunte de 10 millones de descargas en 22 horas. Corrieron rumores de una amenaza legal de Nintendo por las tuberías; la empresa japonesa lo negó categóricamente ante el Wall Street Journal. En una entrevista a Forbes unos días después, Nguyen explicó la decisión de otra manera: “Flappy Bird estaba pensado para jugarse unos minutos, en un momento de relax. Pero se convirtió en un producto adictivo. […] Para resolver ese problema, lo mejor es retirar Flappy Bird. Ha desaparecido para siempre.” Añadió que había perdido el sueño por la presión mediática y por los periodistas que acosaban a su familia.
La fiebre de eBay y la invasión de clones
La retirada disparó al instante la búsqueda de teléfonos de segunda mano que aún tuvieran el juego instalado. The Guardian informó de pujas en eBay que llegaron a los 90.000 dólares por un iPhone 5, mientras que Los Angeles Times cubrió una oferta de 99.900 dólares, señalando después que esas pujas récord terminaron desapareciendo, probablemente infladas por cuentas falsas. eBay acabó retirando esos anuncios por incumplir su norma de restaurar los teléfonos a los ajustes de fábrica antes de revenderlos. Mientras tanto, decenas de clones inundaron la App Store, hasta el punto de que Apple y Google empezaron a rechazar sistemáticamente cualquier aplicación nueva con la palabra “Flappy” en el nombre.
Después de Flappy Bird, una carrera discreta
Lejos de desaparecer, Nguyen siguió haciendo juegos con su estudio, .Gears. En marzo de 2014 le dijo a Rolling Stone que no descartaba un regreso del juego, siempre que llevara una advertencia invitando a los jugadores a tomarse un descanso. En agosto de 2014, una versión revisada llamada Flappy Birds Family se lanzó en exclusiva para Amazon Fire TV, con un modo multijugador. Ese mismo año llegó Swing Copters, después Swing Copters 2 en 2015, y Ninja Spinki Challenges!! en 2017, codesarrollado con el estudio japonés Obokaidem. El último lanzamiento conocido de .Gears, BOOP, salió en 2022, cuando el estudio tenía unos cinco empleados, Nguyen incluido. En 2017, iOS 11 dejó el original definitivamente injugable al eliminar el soporte para aplicaciones de 32 bits, una especie de despedida silenciosa del juego original.
Diez años después, un regreso sin su creador
El 12 de enero de 2024, la oficina de patentes de Estados Unidos declaró abandonada la marca “Flappy Bird” tras no renovarla Nguyen a tiempo. Una empresa llamada Gametech Holdings se hizo con los derechos, junto con los de Piou Piou vs. Cactus, llegando incluso a contratar a su creador, Kek. El 12 de septiembre de 2024, bajo el nombre “The Flappy Bird Foundation”, Gametech anunció el regreso del juego: una versión construida sobre la blockchain de Solana, con su propia criptomoneda llamada “Flap Token”, disponible al principio solo en Telegram. La reacción en redes fue fría, entre acusaciones de apropiación de marca y rechazo a las mecánicas cripto. Tres días después, Nguyen rompió siete años de silencio en Twitter/X para zanjar cualquier confusión: “No he vendido nada. Tampoco apoyo las criptomonedas”, según recogió Polygon. Los desarrolladores del proyecto respondieron prometiendo que no habría NFT y presentando los elementos “Web3” como opcionales.
En abril de 2025, una versión de Flappy Bird sin ningún elemento cripto llegó a la Epic Games Store para Android, publicada por Flappy Bird Publishing y financiada únicamente con publicidad y compras dentro de la aplicación convencionales. Recuperaba el modo clásico original y añadía un modo “Quest” con nuevos escenarios. La crítica quedó dividida: TechRadar sostuvo que el remake nunca recuperará la torpeza entrañable del original y solo vive de la nostalgia, mientras que PC Gamer admitió una mezcla de fastidio por la apropiación de la marca y curiosidad morbosa por ver otra vez al juego estrellarse contra una tubería.
Dónde está Dong Nguyen hoy
El creador original no tiene nada que ver con esta versión. Su última declaración pública conocida sigue siendo aquel tuit de septiembre de 2024 desmarcándose del proyecto, y .Gears no ha anunciado ningún juego nuevo desde BOOP en 2022. Tras la tormenta mediática de 2014, Nguyen repitió siempre que solo quería seguir haciendo juegos tranquilamente, lejos de los focos, y nada desde entonces sugiere que haya cambiado de idea.
Toda esta historia ilustra bien un problema más amplio: el mismo nombre de juego, tres versiones distintas, repartidas en tres generaciones de plataformas, con derechos que cambiaron de manos sin que el jugador llegara a entender gran cosa. Es difícil, en esas condiciones, saber qué se tiene realmente en la biblioteca, o qué versión de un juego se terminó hace diez años en tal o cual teléfono ya desaparecido. Radion no te va a devolver aquel iPhone viejo lleno de partidas de Flappy Bird, pero sí reúne en un solo sitio lo que tienes y lo que has jugado en Steam, Xbox, PlayStation o Nintendo, lo que al menos evita ese tipo de confusión para todo lo que vino después.